Porque nos protege de uno de los narcóticos más nocivos de la vida: la rutina.
Porque acentúa nuestra curiosidad y ahoga nuestro conformismo.
Porque nos enseña a adaptarnos muy rápido a los cambios, y eso en la vida es mucho más útil que cualquier licenciatura.Porque nos recuerda que mientras tengamos ganas de aprender, tendremos ganas de vivir.
Porque borra de un plumazo todos los prejuicios que otros intentan inculcarnos.
Porque nos da la oportunidad de conocernos cada día un poquito más a nosotros mismos.
Porque el ritmo al que nos somete siempre nos deja tiempo suficiente para poder disfrutar de las puestas de sol. Porque nos hace sentir una libertad que no hemos conseguido experimentar de otra manera.Porque nos brinda la posibilidad de darnos cuenta de que nuestro punto de vista es igual de válido que el de las personas de los países que visitamos.
Porque nos concede el inmenso placer de despertarnos cada día en un lugar diferente. Porque nos permite llegar a aquellos lugares a los que soñábamos ir cuando éramos niños. Porque nos coloca personas interesantes a las que conocer en cada esquina. Porque pone a prueba cada día nuestra capacidad de entender el mundo. Porque hace posible que otras religiones nos parezcan más verosímiles. Porque nos da fuerzas para entender todo aquello que nos parece incomprensible de los países a los que vamos. Porque nos otorga la convicción de que todo es mucho más sencillo de lo que parece en un principio. Pero, sobretodo, nos gusta viajar porque nos proporciona sensaciones indescriptibles, como subir en un autobús y no saber en qué parada debemos bajar, mirar un mapa y no saber hacia donde ir, confiar en alguien a quien hemos conocido el día anterior, encontrar un camino y seguirlo a pesar de no saber a dónde va, dejar que el azar marque el próximo punto de nuestra ruta... Por eso ahora, que se cumple un año desde que regresamos de nuestra tercera vuelta al mundo y por lo tanto hace un año que no viajamos, notamos que hay algo dentro de nosotros que nos impide estar más tiempo sin movernos. Si la salud y nuestra maltrecha economía nos lo permiten, de aquí poco comenzaremos un viaje muy especial. Un viaje a Francia, un viaje al pasado, un viaje que nos ha de permitir cumplir una promesa ¿te acuerdas? Mentiríamos si no dijéramos que estamos inquietos, con muchas dudas. Es un viaje que tenemos la imperiosa necesidad de que salga bien pues sabemos que puede marcar el resto de nuestra vida viajera. Por eso necesitamos en este próximo viaje sentirte cerca, sentir que viajas con nosotros. Notar tu presencia, saber que estás allí. Será un viaje corto, de apenas dos meses, y no demasiado lejos... pero presentimos que puede ser un viaje muy especial.
Commentarios (3)
Hector Cespedes
18 Sep 2017Un gran texto
ReplyJavier Giraldo
18 Sep 2017es lo mas chevere de la vida viajar y comer.
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